La atmósfera lúgubre, silenciosa y sombría
de la habitación da la sensación de que se está en la simbólica despedida de un
alguien, en ese ritual forzado, donde las caras se desdibujan para la ocasión y
donde los cuerpos evitan cualquier signo de vitalidad. Es en esta habitación donde
mí cuerpo inerte, postrado sobre el sofá, mira su reflejo, reflejo sin vida,
sin aliento, sin matices de movimientos; hablar de lo que sucede en el mundo
del lenguaje, en la vida, es hablar frente al espejo y hablar de la vida, de mí
vida, es mirarse desnudo.
Esta noche he presentido un malestar
característico, un malestar que me indica que quizá esta noche algo en mi se desprenderá;
hojas muertas caen de los arboles casi muertos. ¿Será que el corazón se me detiene? , ¿Será que algo
en mi se desfonda, se vacía?, o es un síntoma de una enfermedad que no padezco
pero que inevitablemente me castiga, me debilita, me carcome, que me roza como
la circunferencia dentro del cuadrado; el cuerpo inerte, sin vida, jamás toca el ataúd en su cuadratura. El
malestar del cual hablo siempre lo he sentido aunque quizás nunca me haya percatado de él tal y como ocurre con el huésped incómodo, el cáncer, siempre silencioso,
mentiroso, embustero que se apropia de tú espacio, de tú vida y que no crees
que sea él, sino, hasta cuando causa estragos en ti, en ellos, en los otros. En
cierto sentido soy como aquel huésped, ese inquilino incomodo que no se le
reconoce si no hasta cuando causa estragos en las habitaciones contiguas.
Largo tiempo me he sentido como el huésped
incómodo y tal sensación nunca cambia, pero hoy, la sensación es diferente, hoy,
me figuro, que me han detectado, hoy fui un síntoma. ¡Pero cómo evitar no
serlo!, es inevitable no serlo, las ideas se han acumulado y comienzan a
tornarse más grotescas, y más dolorosas, y más repugnantes para mis vecinos.
Solo espero que el proceso se retarde un poco y no progrese o se desborde más
de lo que soy capaz de contener. Admito que el malestar aumenta y en ocasiones
quisiera violar y reventar las puertas de las habitaciones contiguas, pero, hay
en mi aun, una perra que me intimida y evita que cruce el umbral de mí habitación; la certidumbre que proporciona mirar el reflejo de unos cuantos objetos de la habitación
es que no miramos el espacio visual de nuestro propio reflejo desnudo.
¿Cómo fue que llegue a este estado
de cosas?, ¡no lo sé!, algunas personas son como parásitos que sobreviven
gracias a que no causan muchos estragos, por decirlo así, hay personas que son parásitos
regulares y por ello se admite su estancia y son precisamente esas personas las
que más asco, repugnancia y nauseas me causan, porque no lastiman, no
destruyen, solo causan malestar. ¿Por qué las bacterias pueden convivir juntas?